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El cerro se yergue a lo largo
como tu cuerpo a mi lado,
el viento es tu aliento
y los queltehues tus
besos endiablados.
Duro rodeo tras los Andes
para llegar a tí del otro lado
del atlántico.
Las nieves blancas,
las rosas amarillas.
tus ojos café, los mios verdes,
y el cielo azul frio de Chile sin tí.
El río argento suena en lo
más profundo de mí,
donde nuestra playita nos espera
una vez más.
Duelen las tripas, duele el alma
de tanta soledad de tí, amor.
Cruza el mar, cruza las montañas
que del otro lado te espero para calmar mi dolor.
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